Cómo tener conversaciones difíciles cuando no te gusta el conflicto.

Evitar o retrasar una conversación difícil puede herir tus relaciones y crear otros resultados negativos. Podrá no sentirse natural al principio, especialmente si le temes a la discordia, pero puedes aprender a sumergirte en estas pláticas difíciles al replantear tus pensamientos.

Empieza con una postura de curiosidad y respeto, deja de preocuparte por caer bien. Los que evitan los conflictos normalmente se preocupan por agradarle a otros. Aunque es natural querer agradar, no es siempre la cosa más importante. Inclínate a una conversación con una actitud abierta y con un deseo genuino de aprender. Empieza con una postura de curiosidad y respecto — tanto para ti como para la otra persona. El respeto genuino y la vulnerabilidad típicamente produce más de lo mismo: respecto mutuo y vulnerabilidad compartida. Aún cuando el tema a tratar sea difícil, las conversaciones pueden mantener el apoyo mutuo. Respeta el punto de vista de otra persona, y espera que ellos respeten el tuyo.

Concéntrate en lo que estas escuchando, no en lo que estas diciendo. La gente que huye del conflicto normalmente gasta una gran cantidad de tiempo reestructurando sus pensamientos. Aunque se puede sentir como una preparación útil, masticar mucho lo que uno va a decir puede secuestrar la mente durante otro día de trabajo y a veces puede continuar hasta muy avanzada la noche. De todas maneras, las conversaciones difíciles rara vez ocurren como se planean. Así que quítate algo de presión. No tienes que hablar tanto durante una conversación difícil. En lugar de eso, concéntrate en escuchar, reflexionar y observar. Por ejemplo, si un miembro del equipo falla de nuevo en una fecha de entrega, acércate a ellos y haz preguntas neutrales y apoyadoras: “Veo que el proyecto está atrasado. Cuéntame acerca de los retos a los que te estas enfrentando.” Después escucha. Toma una pausa. Interésate y se proactivo. Recolecta toda la información que sea posible. Haz preguntas de seguimiento sin culpa.

Tu atención genuina y neutralidad motivarán a la gente a elaborar. Por cada argumento que la otra persona hace, retrocede a aquello que han dicho, para validar que los has entendido correctamente.

Sé directo. Enfrenta situaciones incómodas de frente yendo directamente al grano. Ten una discusión franca y respetuosa donde las dos partes hablen francamente acerca de todos los detalles del problema. Hablar con la gente de manera honesta y con respeto crea relaciones de mutuo beneficio, aún cuando las conversaciones son difíciles.

Sin embargo, hay situaciones en las que las diferencias culturales o de personalidad deben ser consideradas. Si tu cultura evita el conflicto o no le da valor al hecho de ser directo, todavía puedes entablar conversaciones desafiantes. En estos casos, cambia tu acercamiento de muy directo a respetuoso, logrando una conversación de ida y vuelta. Por ejemplo, si la persona a la que le estas hablando parece no estar entendiendo lo que le dices, pideles que repitan lo que hayan entendido acerca de lo que les compartiste. Mientras reflexionan acerca de aquello que han escuchado, puedes ajustar tu mensaje para asegurarte de que el conflicto se está moviendo hacia una resolución. Este estilo de comunicación es abierto y menos amenazante.

No lo pospongas más. ¿Qué tan seguido pasa que tu respuesta al conflicto sea algo como: “No quiero hablar de ello” o “No es tan importante” o “No vale la pena pelear por él”? Si siempre estás prometiéndote a ti mismo algo como:“Lo mencionaré la próxima vez que pase,” pues, ahora es el momento. En lugar de posponer una conversación para un tiempo ideal en el futuro, donde se podrá lidiar con ella de manera más fácil, enfréntala de inmediato. Pon tus cartas sobre la mesa para que puedas resolver tu problema y seguir con tu vida.

Podría parecer riesgoso salir así nada más y decir algo, pero normalmente eso es lo que se necesita. Si es necesario, date a ti o a tu contraparte un poco de tiempo para enfriarse y haz un esquema de lo que quieres comunicar y el resultado que deseas. Pero después, ten la conversación y haz el plan para superar eso. Después de la gimnasia mental de practicar conversaciones sin fin en tu cabeza, entablar una conversación ambivalente puede ser inspiradora, respetuosa y productiva.

Espera un resultado positivo. Se te hará difícil seguir este consejo si continuas entrando en conflicto contigo mismo y repitiéndote, “Ésto va a ser un desastre.” En vez de eso, dite a ti mismo, “Ésto dará como resultado una relación mejorada.”

Concéntrate en las ganancias de largo plazo que la conversación creará para la relación. Cuando tu atención se concentre en los resultados positivos y los beneficios, cambiará tu proceso de pensamiento y tu diálogo interno a un lugar más constructivo. Como resultado, se te hará más fácil acercarte a un compañero que constantemente critica y se queja, o el subordinado que sigue haciendo menos de lo que se le pide.

No ignores las situaciones difíciles de las que estás enterado hoy. Cuando la oportunidad se presente para dar retroalimentación negativa a un colega difícil o dar una evaluación de desempeño negativa, junta el valor para enfrentar el conflicto de frente.


Garfinkle, J. (24 de mayo, 2017). How to Have Difficult Conversations When You Don’t Like [Blog] Recuperado de: https://hbr.org/2017/05/how-to-have-difficult-conversations-when-you-dont-like-conflict

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