Los Holandeses tienen soluciones para los niveles de mar crecientes. El mundo los observa.

En la Holanda anegada, el cambio climático no es considerado hipotético o un problema para la economía. En lugar de eso, es una oportunidad.

ROTTERDAM, Holanda — El viento sobre el canal agitaba todas las sombrillas de café. Los remeros se esforzaban por llegar hacia la línea de meta y los espectadores se acercaban a la costa. Henk Ovink, nervioso, con la cabeza afeitada, visto desde un muelle V.I.P., con un ojo en los botes y otro, como siempre, en su teléfono.

El Señor Ovink es el más importante vendedor trotamundos de la pericia Holandesa que trata el tema del ascenso de los niveles del agua y el cambio climático. Como el queso en Francia o los autos en Alemania, el cambio climático es un negocio en Holanda. Todos los meses, delegaciones tan lejanas como Jakarta, la ciudad Ho Chi Minh, Nueva York y Nueva Orleans hacen sus visitas a la ciudad puerto de Rotterdam. Terminan contratando a empresas Holandesas que dominan el mercado global de ingeniería de alta tecnología y manejo de agua.

La razón de eso es porque desde el primer momento en que los fundadores de esta pequeña nación comenzaron a bombear agua para despejar tierra para sus granjas y casas, el agua ha sido el hecho central y existencial de la vida en Holanda, un asunto cotidiano de supervivencia e identidad nacional. Ningún otro lugar en Europa está bajo mayor amenaza que este país anegado en la frontera del continente. Casi toda la nación está debajo del nivel del mar y se hunde gradualmente. Ahora el cambio climático trae consigo la amenaza del oleaje elevado y tormentas más duras.

En una manera de pensar Holandesa, el cambio climático no es un obstáculo para la economía, más bien es una oportunidad. Mientras que la administración de Trump sale del acuerdo de París, los Holandeses están ingeniando una manera de resolver el cambio climático.

Es en esencia, dejar que el agua entre, donde sea posible, no esperar subyugar a la madre naturaleza: vivir con el agua, en lugar de luchar para vencerla. Los Holandeses inventan lagos, cocheras, parques y plazas que son una bendición para la vida diaria pero también pueden ser enormes reservas para cuando los ríos y mares se desparramen. Puedes pretender que el nivel creciente de los mares es un engaño perpetrado por científicos y medios de comunicación crédulos. O puedes construir barreras en abundancia. Pero al final, ninguna de las dos proveerá la defensa adecuada, dicen los Holandeses.

Y aquello que resulta ser verdad en cuanto al manejo del cambio climático aplica también para el tejido social. La resiliencia ambiental y social deben de ir de la mano, aquí dirigentes creen que hay que, mejorar vecindarios, equidad de difusión y dominar el agua durante las catástrofes. La adaptación del clima, si se trata de manera correcta y directa, debería llevar a un estado más fuerte y más rico.

Éste es el mensaje que los Holandeses han estado explicándole al mundo. Los consultores Holandeses aconsejan a las autoridades de Bangladesh acerca de los refugios de emergencia y las rutas de evacuación que recientemente ayudaron a reducir el número de muertes ocurridas en las inundaciones recientes a “cientos en lugar de miles”, según el Sr. Ovink.

“Eso es lo que tratamos de hacer,” dijo. “Podrías decir que estamos comercializando nuestra experiencia, pero miles de personas mueren cada año debido al incremento de los niveles de agua, y el mundo está fallando de forma colectiva al momento de lidiar con la crisis, perder dinero y vidas.” Él marca los últimos descubrimientos: el 2016 fue el año más cálido registrado; los niveles de agua globales se elevaron a nuevos niveles.

Orgullosamente muestra su nuevo curso de remo a las afueras de Rotterdam, donde los campeones de remo del mundo se organizaron el verano pasado. El curso forma parte deun área llamada el Eendragtspolder, una sección de campos y canales recuperados — un ejemplo de primera de un sitio construído como una amenidad pública que acumula agua extra durante las emergencias. Es quizá el punto más bajo de Holanda, como unos 20 pies debajo del nivel del mar. Con sus caminos para bicicletas y deportes acuáticos, el Eendragtspolder se ha convertido en un retiro popular. Ahora también sirve como reserva para la cuenca del río Rotte cuando el cercano Rhine se inunda, el cual, debido al cambio climático, se espera que siga inundándose por el resto de los años.

El proyecto está entre docenas de programas a través de la nación, que lleva años haciéndose, llamado “Espacio para el río”, el cual revocó la estrategia milenaria de quitarle espacio a los ríos para construir canales, diques y presas. Holanda efectivamente ocupa el “canal” de Europa, tierras bajas encerradas de un lado por el mar del norte, del cual inmensos ríos como Rhine o el Meuse corren desde Alemania, Bélgica y Francia. El pensamiento Holandés cambió después de que las inundaciones forzaran a cientos de miles a evacuar durante los noventas. Las inundaciones fueron una “llamada a la acción para regresarle a los ríos algo del espacio que les habíamos quitado,” explicó Harold van Waveren, consejero de gobierno.
“No podemos seguir construyendo diques más altos, porque terminaremos viviendo detrás de muros de 10 metros,” dijo. “Necesitamos darle a los ríos más lugares para fluir. La protección contra el cambio climático es tan fuerte como el eslabón más débil de una cadena, y la cadena en nuestro caso incluye no solamente las grandes puertas y presas en el mar pero toda una filosofía de planeación espacial, manejo de crisis, educación infantil, aplicaciones online y espacios públicos".

El señor van Waveren estaba hablando de la app nacional guiada por GPS creada para que los residentes siempre supieran exactamente qué tan abajo del nivel del mar estaban ellos. Para tener acceso a las albercas públicas, los niños Holandeses deben obtener primero sus diplomas que requieren de que naden con su ropa y zapatos puestos. “Es una parte básica de nuestra cultura, como andar en bicicleta,” Dijo Rem Koolhaas, el arquitecto Holandés.

En Holanda, las investigaciones universitarias acerca de los cambios en el casco de hielo del Ártico están en los encabezados . Mucho antes de que los negadores del cambio climático empezarán una campaña en contra de la ciencia en los Estados Unidos, los ingenieros Holandeses se estaban preparando para las tormentas apocalípticas, que ocurren una vez cada 10,000 años. “Para nosotros, el cambio climático está más allá de la ideología,” dijo el alcalde de Rotterdam, Ahmed Aboutaleb. Una vez me llevó durante la mañana alrededor de un nuevo desarrollo urbano marítimo que fue construido donde anteriormente había un vecindario pobre e industrial, para demostrar como la renovación urbana con estrategias para mitigar los efectos del cambio climático.

“Si hay un tiroteo en el bar, me preguntan un millón de cosas,” dice el Sr. Aboutaleb acerca de su ciudad. “Pero si yo digo que todos deberían de comprar un bote porque predecimos que habrá un incremento tremendo en la intensidad de la lluvia, nadie cuestiona las políticas. Rotterdam yace en la parte más vulnerable de Holanda, tanto económicamente como geográficamente. Si el agua entra, de los ríos o del mar, podremos evacuar alrededor de 15 de cada 100 personas. Así que la evacuación no es una opción. Podremos escapar sólo a los edificios altos. No tenemos opción. Debemos aprender a vivir con el agua.

Un musulmán nacido en Marruecos y una estrella ascendente en el mundo político Holandés que denuncia a los religiosos radicales y a los nacionalistas reaccionarios de la misma forma, el alcalde maneja una ciudad tradicional de clase trabajadora. Rotterdam hoy en día es cualquier cosa menos un paraíso. Está hendida por fisuras sociales y discordia sobre la inmigración. Pero ha empezado a mejorar en años recientes al convertirse en un lugar más verde y más diverso. Cuando le preguntan al alcalde acerca de amenazas climáticas él habla acerca de crear una ciudad menos dividida, más atractiva y saludable — con mayor capacidad de enfrentar las tensiones que el cambio climático impone en la sociedad.
“Es sólo sentido común,” dijo el Alcalde Aboutaleb. El Eendragtspolder es un ejemplo, mencionó, hay un retorno de inversión, pues con sus espacios verdes y pista de remos, la ciudad a sido considerada para las olimpiadas de 2028.

Arrasada por bombas durante la Segunda guerra mundial, Rotterdam no es pintoresca y turística como Amsterdam. Es industrial, práctica y es un Centro de actividad importante en Europa, con un legado de arquitectura radical, atrayendo a jóvenes diseñadores y emprendedores. Su tradición de apertura la ha hecho un imán para los foráneos y le ha ayudado a recuperarse de los años de dificultades, cuando, durante los 70’s, 80’s y 90’s, se convirtió en un lugar sucio, notorio por el crimen, un lugar del que huía la gente rica.

Últimamente la ciudad, acostumbrada a empezar de nuevo, se ha reinventado como la capital de la empresa y la ingenuidad ambiental. Ha sido pionera en la construcción de instalaciones como los estacionamientos que se han construido para convertirse en reservas de energía, asegurando que la ciudad pueda prevenir una inundación del drenaje de tormentas que que ahora se predice que ocurran cada cinco o diez años. Ha instalado plazas con fuentes, jardines y canchas de basketball en vecindarios marginados que ahora pueden funcionar como pantanos de retención. Ha rediseñado sus puertos y se extiende hasta su antiguamente industrial puerto como incubadoras para nuevos negocios, escuelas, viviendas y parques.

Todos estos son paradas en el tour estándar para visitar delegaciones foráneas: prueba del concepto urbano de intervenciones, que enfrentan las amenazas climáticas en maneras que sirven incrementalmente a las necesidades económicas y sociales.

“Una ciudad inteligente tiene que ser comprensiva, una visión holística más allá de diques y puertas,” así lo expresó el jefe de clima de la ciudad Arnoud Molenaar. “El reto de la adaptación al clima es incluir seguridad, drenaje, casas, caminos y servicios de emergencia. Necesitas conciencia pública. También necesitas cíber-resiliencia, porque el siguiente reto en la seguridad climática es la cíber-seguridad. No puedes tener sistemas vulnerables que controlen tus puertas de mar o tus puentes y drenajes. Necesitas buenas políticas, grandes y chicas.

“Ésto comienza con las cosas pequeñas, como lograr que la gente remueva el pavimento de sus jardines para que los nutrientes del subsuelo absorban el agua de lluvia,” dijo Molenaar. “Termina con una gran tormenta de barrera contra tensiones en el mar del norte.”

Una gran compuerta

Eso sería el Maeslantkering, construído cerca de la boca del mar, a una hora y media en coche al oeste del centro de Rotterdam — la primer línea de defensa de la ciudad. Es del tamaño de dos Torres Eiffel tubulares volcadas.

En los 20 años desde que abrió, el Maeslantkering no ha sido utilizado para prevenir una inundación, pero es probado regularmente por si acaso. Los excursionistas se forman en la costa para observar. Los cierres de prueba son como un pequeña versión Holandesa del desfile de Día de Acción de Gracias de Nueva York.

Fuí en coche con el señor van Waveren para verlo un día. No es poco común aquí atestiguar la vista impresionante de barcos que pasan por encima. Esto pasa en un país en donde las autopistas están frecuentemente debajo del nivel del mar.

El Maeslantkering es una consecuencia de las calamidades históricas repetidas. En 1916, el mar del norte abrumaba la costa Holandesa, inaugurando una avalancha de construcciones protectivas que fallaban al momento de contener al agua en 1953, cuando una tormenta nocturna mató a más de 1,800 personas. Los Holandeses siguen llamándolo el desastre. Redoblaron esfuerzos nacionales, inaugurando el proyecto “Delta Works” que represó a dos cuerpos de agua importantes y produjeron el Maeslantkering — una puerta de mar gigante, completada en 1997, manteniendo abierto el inmenso cuerpo de agua que abastece a todo el puerto de Rotterdam. Proteger el puerto es extremo. Siendo alguna vez el más concurrido del mundo, el puerto de Rotterdam sigue siendo el más importante de Europa, cada año atendiendo a cientos de miles de barcos de alrededor del mundo, abasteciendo a Alemania de acero, petroquímicos a Sudamérica, y casi todo lo demás a todas partes. El puerto es aún la piedra angular de la industria en esta ciudad de más de 600,000, de acuerdo a los oficiales del puerto, que representa 90,000 trabajos, sin mencionar otros 90,000 trabajadores cuyos negocios dependen del puerto también.

El puerto apoya a cinco refinerías de petróleo, cuyos dueños incluyen a Shell, los hermanos Koch, junto con una planta de energía de carbón. Los oficiales dicen que el puerto es responsable por 17% de la huella de carbono de toda la nación. Una paradoja central — y para los escépticos, la más grande hipocresía — de la autodenominada marca pro-ambiental que es el corazón de la economía de Rotterdam, continúa dependiendo de la industria de los combustibles fósiles.

Las autoridades coinciden en que la transición del puerto a una economía más verde, y cómo va a lograrse eso, es el más grande reto que enfrentan, junto con el cambio climático. Ellos describen planes para unas granjas de viento inmensas en el mar del norte y estrategias para capturar calor de fábricas quemadoras de combustible para calentar los invernaderos que abastecen el rendimiento agrícola del país. Holanda exporta cerca de $100 billones al año en productos agrícolas, detrás de los Estados Unidos.

En cualquier caso, el transporte seguro de todos esos materiales, sin mencionar la responsabilidad de mantener los pies de la gente de la ciudad secos y en el futuro, depende del Maeslantkering.
La idea detrás de él, que fue discutido hace décadas, no tuvo precedentes — una puerta monumental con dos brazos, resistiendo de cualquier lado del canal, cada brazo tan alto y doblemente pesado que la Torre Eiffel. Fue un trabajo asombroso de ingeniería. Wim Quist, el arquitecto, ideó un objeto de belleza incomparable, una de las maravillas menos conocidas de Europa.

El señor van Waveren describió como funcionaba. Cuando la compuerta está cerrada, los brazos flotan hacia el canal, se encuentran y aseguran los tubos llenándolos con agua y hundiéndolos en una cama de concreto, haciendo una pared de acero impenetrable en contra del mar del norte. El proceso toma dos horas y media. La presión del mar es entonces transferida de una pared a una de las más grandes articulaciones del mundo, incrustado de cualquier lado de las orillas del río.

Las computadoras, usando un sistema electrónico cerrado para evitar el cíberataque, monitorean los niveles marítimos cada hora y pueden cerrar la compuerta automáticamente — o abrirla. Ésto es crítico: treinta bombeos adentro de la compuerta son vinculados a una de las redes eléctricas del país. Extraen agua de los tubos cuando es hora de que el Maeslantkering sea reabierto.

Si las redes eléctricas fallan, hay una red de apoyo, como último recurso, un generados, porque es aún más peligroso que el hecho de que la compuerta no cierre es menos peligroso que el hecho de que la compuerta no abra. En ese caso, el agua que viene de Rhine y el Meuse no podría fluir al mar y abrumarían más de lo que lo haría el mar del norte a Rotterdam. Como afirmó el Señor Aboutaleb, escapar sería imposible.

El señor Ovink dijo en una especie de mitad broma mitad verdad: “El último recurso sería volarlo.” El Maeslantkering fue claramente construido con escenarios Hollywoodescos de destrucción en mente: Hay redundacias en las redundancias, y la barrera está preparada para el clima más extremo, con niveles de mar ascendiendo más allá de las predicciones actuales.
Aún así, los oficiales del puerto de Rotterdam tienen planes para agregar otros dos pies de altura a la compuerta.

Reorganizando los vecindarios

Más allá del Maeslankering, de vuelta en el pueblo, hay incontables fortificaciones, grandes y chicas en las calles y plazas. Una tarde soleada, conocí a Wynand Dassen, administrados del equipo de resiliencia de Rotterdam, y Paul van Roosmalen, quien supervisa el desarrollo de la ciudad en Dakpark, un dique en un vecindario pobre, mayoritariamente de inmigrantes, que rodean una zona industrial. El sitio de Dakpark solía ser una zona ferrocarrilera abandonada notoria por los narcomenudistas y el crimen.

El dique hace más que sólo contener el agua. Era un centro de compras, el cual necesitaba el vecindario y un parque en el techo. Las tiendas están frente a la costa y ayudan a pagar el mantenimiento del parque.
Cuando el clima está bien, aquellos a los que les gusta tomar el sol se tumban en el pasto del techo y juegan con frisbees. Jardines formales también han sido abiertos en los espacios bien mantenidos. El parque mide un kilómetro. Es maravilloso. Es un éxito — no sólo es una barrera pero también es un boom para el negocio del área — ha convencido a los oficiales del gobierno a consultar a los vecindarios y guardar dinero para proyectos con iniciativa comunitaria.

“Es un ejemplo de lo que puedes hacer si conectas el manejo de agua de lluvia con el bienestar social y mejoras de vecindario,” dijo. “Es a lo que nos referimos aquí en Rotterdam cuando decimos “planeación de resiliencia.”

En un vecindario cercano, donde los drogadictos solían venir desde Francia para comprar heroína barata, me encontré con Marleen ten Vergert, una madre soltera manteniendo a una joven hija con salario de sirviente civil.

Las mujeres en hijabs cargaban sus víveres, los hombres viejos estaban sentados en bancas de parque, los niños paseaban en sus patinetas sobre caminos de concreto rotos, pasando por unidades habitacionales envejecidas. Un grupo de casas rodeaba una plaza de agua, creada para capturar el agua de inundaciones. Las familias jóvenes eran atraídas por los precios de un sólo euro para comprar casa abandonadas alrededor de ella. Muchas familias fueron y vinieron. El parque acuático fue vandalizado. pero, lentamente, poco a poco, ha sido adoptado por el vecindario.

“Ahora funciona,” me dijo el Señor Vergert. “La gente quiere la plaza de agua, así que la cuidan más. Hay un invernadero cerca, administrado por una compañía Turca. El valor de las casas en el vecindario ha subido.”

Rotterdam está tratando de moldearse al modelo del urbanismo inventivo. Un empresario local, Peter van Wingerden, contempla las granjas lecheras flotantes a lo largo del paseo marítimo. Uno de cada tres camiones que entran a la ciudad, cargan comida, dice.
Las granjas flotantes reducirían el tráfico de camiones y las emisiones de carbono, abasteciendo a la ciudad con su propia leche. Con fomento de la ciudad está construyendo un prototipo de $2.2 millones para 40 vacas que produzcan medio millón de litros de leche al año. “El río ya no es para la industria,” me dijo. “Necesitamos encontrar nuevos usos, que nos mantendrán a salvo del cambio climático, y ayudarán a que la ciudad crezca y prospere.”

Esa es la nueva consigna de la ciudad. Cuando le pregunté al señor van Wingerden si resultaba inquietante vivir en una ciudad frente al mar sobre todo bajo el nivel del mar, dijo: “Nos parece menos peligroso que vivir en la Falla de San Andrés. Al menos cuando nos inundemos, tendremos algún aviso antes de mojarnos los pies.”
Para los holandeses, lo que es realmente incomprensible, añadió, es Nueva York después del huracán Sandy, donde se ha hecho muy poco para prepararse para el próximo desastre. La gente en los Países Bajos cree que los lugares donde hay más gente, y donde se puede perder más económicamente, son los que deberían conseguir mayor protección.

La idea de que un centro económico global como el Bajo Manhattan se haya inundado durante el huracán Sandy, y que haya costado miles de millones de dólares al público, pero todavía tiene tan pocas protecciones, deja a los expertos en clima atónitos.

El Sr. Molenaar, jefe del clima de Rotterdam, resumió el punto de vista holandés: “Hemos podido poner la adaptación al cambio climático en la agenda pública sin sufrir un desastre en muchos años porque hemos demostrado los beneficios de mejorar el espacio público. El valor, de invertir en resiliencia.

“Está en nuestros genes”, dijo. “Los administradores de agua fueron los primeros gobernantes de la tierra. Diseñar la ciudad para hacer frente al agua fue la primera tarea de supervivencia aquí y sigue siendo nuestro trabajo definitorio. Es un proceso, un movimiento. No es sólo un grupo de diques y represas, sino un modo de vida”.

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Kimmelman, M. (15 de junio, 2017). The Dutch Have Solutions to Rising Seas. The World Is Watching. [Blog]. Recuperado de: https://www.nytimes.com/interactive/2017/06/15/world/europe/climate-change-rotterdam.html

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